sábado, 4 de abril de 2020

Wallace Roney - The Standard Bearer



Como su título lo indica, The Standard Bearer, tercer opus para el virtuoso trompetista Wallace Roney, a diferencia de los anteriores, contiene standards.
El álbum está dedicado a un trompetista criminalmente poco reconocido, Woody Shaw.
Semejante nivel de excelencia tocando standards, en esos tiempos, entraña hacer referencia al grupo del baterista Paul Motian y la serie On Broadway, volúmenes I-III.
El discurso musical de la agrupación es tan sobrio, ecuánime, conciso, depurado, madurado como el vino fermentado en barricas de roble para desarrollar todo su potencial.
Para estimar en su justa medida The Standard Bearer, se debe prestar atención, por ejemplo, a The Way You Look Tonight, y tener en cuenta lo siguiente: Wallace Roney y sus colegas (Gary Thomas en tenor, Mulgrew Miller en piano, Charnett Moffett en contrabajo, Cindy Blackman en batería), interpretan esa pieza, en términos de estilo, según las generales de la ley, como tantas otras versiones, pero de una forma infrecuentemente espontánea, remozada, rozagante como el despertar de un nuevo día.
¡Escuchen al saxofonista Gary Thomas arder en I Didn't Know What Time It Was!
El desempeño en las baladas Don't Blame Me y When Your Lover Has Gone, con la agrupación reducida a un cuarteto, sin Thomas, es sofisticado.
La trompeta de Roney suena magistral en Con Alma, limpia, resplandeciente, deslumbrante.
¡Escuchen el feroz duelo entre trompetista y saxofonista en la versión, a velocidad supersónica, de Giant Steps!
Loose, única composición original, significa la despedida, donde tiene lugar, convenientemente respaldado sólo por los redobles de los tambores de la fantástica Cindy Blackman y la percusión afrocaribeña de Steve Berrios, una vivificante ejecución a cargo de Wallace Roney.
A esta hora, tocando la trompeta en el cielo.*****

Allá en 1992, Wallace Roney visitó Argentina para participar de un concierto Tributo a Miles Davis, ocupando el laudable y venerado sitio de la más renombrada figura del género en una reunión de su celebérrimo Segundo Quinteto (no les puedo contar más porque, lamentablemente, no asistí a esa histórica presentación).

Wallace Roney - Verses



Verses es el primer álbum del formidable trompetista Wallace Roney, publicado por la discográfica Muse.
Siguiendo los pasos de su admirado Miles Davis (padeció el hecho de ser subestimado por ciertos críticos que consideraron su interpretación una mera copia), enseña en sus primeros discos para la mencionada casa, situados cronológicamente entre la segunda mitad de los ochenta y la primera mitad de los noventa, una visión avanzada en la recreación de los recorridos estilos post-bop y jazz modal.
Se distinguen sus endiabladas habilidades en originales propios, más una versión de Blue In Green (Bill Evans), contando con la inestimable contribución del saxofonista Gary Thomas, dotado de la inusual virtud de transformar una típica sesión de jazz trillado en otra cosa, su sola participación hace que la música suene fresca, lozana, novedosa.
La sección rítmica utilizada, tomada a préstamo de la banda de su empleador en esos tiempos, el glorioso ex baterista de Miles Davis, Tony Williams, es un lujo: Mulgrew Miller en piano (impecable, como es su costumbre), Charnett Moffett (experto ladero habitual de Wynton Marsalis en sus primeros años) en contrabajo, y el propio Williams en batería.
De hecho, el ensamble que hace su presentación en Verses es el mismo de Civilization (1987), firmado por Tony Williams, más el agregado de Gary Thomas.
Es un grupo muy sólido, consistente, moldeado, pulido, hecho sorprendente por la juventud de sus integrantes al momento de esta sesión, a excepción del fabuloso Tony Williams (39) (por su parte, grabó Out to Lunch!, el clásico de Eric Dolphy, e E.S.P., debut para el Segundo Quinteto de Miles Davis, a los 18): Roney (26), Thomas (26), Miller (31), Moffett (20).
Wallace Roney era dueño de un sonido verdaderamente diáfano, Gary Thomas llena toda la sesión de esa voz en el saxofón invariablemente febril, tórrida, tan atrayente, Mulgrew Miller tocaba apoyado en la tradición pianística en jazz y, a partir de allí, tenía la habilidad de elaborar una ejecución en una dirección avanzada, Charnett Moffett empezaba a emanciparse de la conceptualmente rigurosa égida del más famoso del clan Marsalis, lo que concretaría en sus propios discos para el sello Evidence, Tony Williams sostiene experta, sabiamente, sin el despliegue de talento y técnica exhibidos en su juventud, pero alcanzando un resultado igualmente eficaz.
El surgimiento de la agrupación de Wallace Roney tiene poco que envidiar a la rutilante aparición de Wynton Marsalis y su quinteto, en esos años.
Es digno de mencionar el virtuosismo y la musicalidad demostrados en la pieza Verses.
¡Escuchen el solo de Gary Thomas en Blue In Green: tiene expresividad, color, profundidad.
En un final a toda orquesta en Slaves, Roney y Williams se enfrentan en un desafío estimulante y caluroso, redondeando una grabación que es un testimonio en el sentido que no importa cuán conservadora sea la época, se puede tocar el viejo y querido jazz de una forma siempre diferente.****1/2

Lo dicho: 2020 es un mal año, para la comunidad internacional en general y para la hermandad del jazz en particular.
El martes 31 de marzo, a los 59 años, falleció el distinguido trompetista Wallace Roney.

sábado, 28 de marzo de 2020

Gato Barbieri - Gato



El verano terminó.
La estación que despierta todos los sentidos, todos los deseos.
El tiempo en el que todo puede pasar.
Uno quisiera que el verano dure para siempre.

La misma sensación que se tiene al escuchar a Gato tocando Mowgli.

Rara edición del saxofonista Gato Barbieri para el sello Fania, de nombre Gato, también conocida como Bahía, por el título de su primer tema, la pieza de Ary Barroso incluida, en una primera versión, en Fénix (1971), álbum originalmente publicado por Flying Dutchman. 
Pertenece a la maravillosa transición de Gato Barbieri entre el jazz latino y el smooth jazz, de principios de los ochenta, y comprende una interpretación en tenor siempre romántica, apasionada.
Por su parte, el sostén armónico-rítmico es excelente, lamentablemente no se puede apreciar como debería, un poco bajo en una mezcla que otorga completa prioridad al saxofón, a lo que se agrega que el sonido, no puedo confirmar si de esta publicación o de la grabación misma, no es el deseado, es un poco opaco, aunque se debe hacer la salvedad de que se trata de un disco compacto de 1982.
No hubo, no hay, saxofonista más caliente que Gato Barbieri.
¡Viva Gato Barbieri! ****1/2

Anacrusa - El sacrificio



En El sacrificio (1978), hay menos folklore latinoamericano y más fusión que en sus primeros álbumes (Anacrusa I-III).
Si bien subsiste el sustrato de ritmos nativos, argentinos en particular, aumenta la afinidad con subgéneros como el jazz rock y el rock progresivo.
La agrupación de Susana Lago y José Luis Castiñeira de Dios presenta unas orquestaciones e interpretación impecables, mayormente instrumental en esta oportunidad (los temas cantados tienen unas letras breves de Susana Lago bellas y sentidas), muy bien construida, a pesar de sus fuentes tan disímiles.
Una propuesta creativa, innovadora, emotiva, llena de sensaciones, perteneciente a un tiempo donde todavía se defendían ideales a través de la música.
Anacrusa es una construcción, a partir de los sonidos autóctonos latinoamericanos, muy distinguida, no apta para quienes no gustan de los cruces de géneros.
Una música poderosa, reivindicativa, empecinada, inclaudicable, transgresora.
Sí, apreciada, afortunadamente subversiva.****1/2

miércoles, 25 de marzo de 2020

Una plegaria por el mundo



La idea original era que esta etapa de Jazz en la Web se extendiera por los meses del verano.

Dado los acontecimientos de público conocimiento, el blog continuará.

Sólo espero que seamos capaces de superar estos tiempos difíciles.

Joshua Redman - Timeless Tales (for Changing Times)



Timeless Tales (for Changing Times) es un álbum del saxofonista Joshua Redman no tan bien recibido como otros, por ejemplo, Wish.
La razón es la usual: puristas y críticos de jazz conservadores rechazan un disco que incluya versiones de canciones populares, ajenas a la tradición, cuando ha sido dicho mil veces, el jazz creció a partir de la incorporación de géneros populares.
A pesar de que las mejores interpretaciones corresponden a los standards, en particular Joshua Redman se muestra más decidido, lanzado en Love for Sale, el problema con esta grabación es otro: Joshua y sus colegas, la crema de la camada surgida en los noventa, al menos entre los "young lions" de esos años (Brad Mehldau en piano, Larry Granadier en contrabajo y Brian Blade en batería), tocan muy bien, pero el resultado es un jazz plácido, simpático, gentil, cómodo, flaco, liviano.
Tomemos como ejemplo composiciones de jazz clásicas, interpretadas infinidad de veces en versiones tremendas: Summertime (la primera que se me ocurre es la muy energizante incluida en el segundo lado de My Favorite Things), o Yesterdays (pienso ahora en la interpretación de un saxofonista no perteneciente a una era dorada del género, Branford Marsalis, en el disco Random Abstract): lo que distingue la lectura de Joshua y las citadas, es la diferencia entre interpretaciones de correctas a buenas, a otras eximas.***1/2

Brad Mehldau - The Art of the Trio Volume 2: Live at The Village Vanguard



Brad Mehldau personificó al pianista de los noventa.
Junto al saxofonista Joshua Redman deben ser los jazzistas más reconocidos de su generación.
Resistió los persistentes, empecinados embates de la comparación con el emblemático Bill Evans.
En The Art of the Trio Volume 2: Live at The Village Vanguard, Brad Mehldau luce en la elaboración de sendos susurros compartidos, tal si fuesen pensamientos en voz alta, en los casi soliloquios con los que aborda las baladas Young and Foolish y Moon River (cuando uno lo observa tocar en vivo, se muestra inclinado sobre el piano, agazapado, los ojos cerrados, ensimismado, reconcentrado), directo, extrovertido, desinhibido en los tiempos rápidos It's All Right with Me, The Way You Look Tonight, Countdown, notable en Monk's Dream.
Su interpretación en el piano no es tan pulida como la de los mayores exponentes en su instrumento, hubiese sido una exigencia absurda en sus veintiséis al momento de esta grabación, pero se muestra aplomado, inspirado, entregando toda su destreza, sin guardar nada, sin motivo para sentirse en deuda sino, por el contrario, haciendo honor al aura mítica de uno de los clubes de jazz más célebres.****1/2

sábado, 21 de marzo de 2020

Sonny Criss - I'll Catch the Sun!



I'll Catch the Sun! es el último entre los magníficos álbumes grabados por el saxofonista alto Sonny Criss para el sello Prestige. 
Sonny Criss luce un tono luminoso, diáfano, y muestra una interpretación jovial, vital, gentil, optimista, mientras que la sección rítmica (Hampton Hawes en piano, Monty Budwig en contrabajo y Shelly Manne en batería) tiene enorme oficio. 
Incluye maravillosas versiones de dos standards (Don't Rain on My Parade y I Thought About You), dos blues (Blue Sunset y Cry Me a River) y dos temas pop de la época (California Screamin' y I'll Catch the Sun). 
Escuchar tocar a Sonny Criss I'll Catch the Sun es una bocanada de aire fresco.****1/2

Bill Evans Trio - At Shelly's Manne-Hole, Hollywood, California



At Shelly's Manne-Hole, Hollywood, California es una perfecta ocasión para degustar un Bill Evans calmo, sereno, reposado, en versiones de algunos standards standards (Round Midnight, una inusual Stella By Starlight, en donde el rol de solista es compartido por el incomparable pianista con el contrabajista Chuck Israels) y otros standards menos transitados (destaca la versión de Isn't It Romantic), apurando el paso en los clásicos Our Love Is Here To Stay y All The Things You Are, y en las menos reconocidas Swedish Pastry y Blues In "F".****

Yusef Lateef - Into Something



El principio de Into Something, álbum del multi-instrumentista Yusef Lateef, es con un blues de nombre Rasheed, con Lateef en oboe, un instrumento inusual en el contexto de una agrupación de jazz, junto a un cuarteto que completan Barry Harris en piano, Herman Wright en contrabajo y Elvin Jones en batería.
Luego, dos temas en el tenor, sin el pianista, la balada When You're Smiling y un original en tiempo rápido, Water Pistol.
Yusef Lateef, un intérprete subestimado, fue un auténtico pionero en incorporar los sones propios de Medio Oriente y Africa en el jazz, pero no hay mucho de eso en este álbum, a excepción de un ligero tinte de los sonidos de Medio Oriente en Rasheed, puesto que Into Something es el resultado de una sesión de estricto jazz.
Escuchen qué control, qué dominio del tono en el tenor en la balada You've Changed, otra vez con Harris sentado al piano, incluyendo un primoroso solo de Yusef sin acompañamiento. Sublime.
Sencillamente notable su técnica en la flauta en el standard standard I'll Remember April.
En el final, otras dos piezas de autoría de Lateef, en sendos sólidos desempeños en el tenor, Koko's Tune y P Bouk, en formato de trío y cuarteto, respectivamente.****1/2

lunes, 16 de marzo de 2020

McCoy Tyner - The Real McCoy (RVG Edition, 1999)



No está muy lejos en su interpretación en el piano con su cuarteto en The Real McCoy, abundante en esas sinuosas, ondulantes armonías únicas, tal si fuesen olas en un mar, en ocasiones sereno, en otras embravecido, o en el sonido sugestivamente oscuro, por momentos dramático, urgente, amenazante, como las nubes negras, apagadas, en un cielo cerrado antes de una tormenta, de lo que el enorme McCoy Tyner tocara con el Cuarteto Clásico de John Coltrane.
El sonido de la agrupación también es similar al del mítico grupo de Coltrane, lo cual no es difícil de explicar dado que el histórico saxofonista Joe Henderson, solista en The Real McCoy, a pesar de ser dueño de una personalidad propia, fue muy influido por Coltrane.
El conjunto se completa con dos pesos completos, legendarios y referencia obligada en sus instrumentos: el contrabajista del Segundo Quinteto de Miles Davis, Ron Carter, y otro miembro del Cuarteto Clásico de John Coltrane, el baterista Elvin Jones.
The Real McCoy es el inicio del vínculo de McCoy Tyner con Blue Note, posterior a su etapa en Impulse!, un par de años después de su partida de la banda de Coltrane.
Los temas contenidos en el álbum, todos notables originales de McCoy, son: la intensa Passion Dance, la embriagadora Contemplation, Four by Five, el más próximo al "sonido Blue Note", sólo que Joe Henderson era poseedor de una densidad muy diferente en su desempeño en el saxofón en relación a colegas como Hank Mobley, una balada casi perfecta, Search for Peace, y el visceral Blues on the Corner, oportunidad para un deslumbrante, uno más, solo de Henderson.****1/2

2020 ya es un mal año para el jazz, en particular para los pianistas.
Al deceso de Lyle Mays, se suma el de McCoy Tyner.
Se pueden contar con los dedos de una mano, los pianistas comparables en términos de estatura e influencia dentro del género. 
Sus caudalosos acordes, junto a los candentes, cadenciosos y acompasados tambores y platos de Elvin Jones, fueron una alfombra mágica para el desarrollo del genio, de la magia de John Coltrane, reproducidos en forma magistral en The Real McCoy.

Don Cherry - Symphony for Improvisers (RVG Edition, 2005)



Don Cherry repite en Symphony for Improvisers, su segundo álbum para Blue Note, la estructura de suite de dos movimientos con sus respectivas cuatro secciones, de su disco anterior Complete Communion (1965).
La primera parte de la suite, de nombre Symphony for Improvisers es grandiosa, diferente, llena de color, tiene un ligero aire flamenco en la línea melódica tocada en la corneta (cualquier parecido con Sketches of Spain, el disco clásico de Miles Davis y Gil Evans, es pura coincidencia), fanfarrias de celebración, evocativas de los sonidos folk, gospel inherentes al espíritu de Albert Ayler, en Nu Creative Love, en What's Not Serious se destaca el solo de Ed Blackwell en batería (en llamas en la entera grabación), e Infant Happiness recuerda a Ornette en el motivo melódico-rítmico.
Sorprende lo controlada y pulida que es la interpretación llena de intervenciones sutiles por los integrantes de la agrupación, muy lejos de las caóticas, cacofónicas "tocadas" sin rumbo, que han dado mala fama al free jazz.
Don Cherry toca la corneta de una manera disonante, pero más "melódica" que en el cuarteto de Ornette, mientras que predominan los sonidos aportados por Pharoah Sanders en piccolo (también toca el tenor) y Karl Berger en vibráfono (a su turno, ocupa un lugar en el piano), responsables de dotar al ensamble de un matiz único.
El grupo se completa con Gato Barbieri en tenor (es fantástico escuchar su labor en el saxofón cuando estaba orientada al free jazz), y Henry Grimes o Jean-François Jenny-Clark en contrabajo.
Los contrabajistas, como los tenores, nunca tocan juntos en esta audición.
Gato Barbieri participa en las dos primeras secciones, tocando un apasionado solo en Manhattan Cry, donde tiene lugar la única contribución de Berger en piano, mientras que Pharoah Sanders colabora en las dos restantes, interpretando un feroz solo en Sparkle Plenty, de los que poco más tarde ensayaría junto a John Coltrane.
Symphony for Improvisers es melodioso, nutrido, frondoso, colorístico, vibrante, vital.
Pura furia contenida, encausada.
Pocos álbumes de free jazz como Symphony for Improvisers.*****

Donald Byrd - Slow Drag (RVG Edition, 2002)



Slow Drag es el último álbum del trompetista Donald Byrd presentando una formación acústica y tocando un jazz asociado a la corriente principal, antes de ser tentado por las mieles de estilos populares y convertirse a la música funk y disco.
Donald Byrd ha sido bastante subestimado, entiendo que por ser contemporáneo de Miles Davis, Freddie Hubbard y Lee Morgan, entre otros, todos con mayores habilidades técnicas, pero fue un gran intérprete. 
Slow Drag es un blues sostenido en un atrayente ostinato en el piano por Cedar Walton e incluye una contribución vocal de Billy Higgins en batería, Book's Bossa tiene un ritmo latino, Jelly Roll un pulso funky, y la versión de My Ideal es evocativa, nostálgica.
Byrd toca con enorme madurez y control en Slow Drag.
Billy Higgins fue un baterista asombroso, a modo de ejemplo, su acompañamiento en Jelly Roll es puro swing.
El saxofonista alto Sonny Red no requiere de alardes técnicos para ser efectivo.
La agrupación se completa con Walter Booker en contrabajo, y suena ensamblada, desempeñándose de un modo relajado, fluido, sin el fuego de otras entregas de Blue Note.
Así, resulta notable cómo consigue capturar la atención sostenida del oyente, sin necesidad de producir encuentros fragorosos entre los solistas, cuya labor es distinguida de una manera concisa, sobria, precisa, mientras que Walton, Booker y Higgins forman una sección rítmica fenomenal.
Slow Drag, rico y variado, es producto de una sesión inusualmente consumada, significando para Donald Byrd el inicio de un intervalo de más de veinte años hasta volver a tocar esta música en sus tres álbumes de principios de los noventa para el sello Landmark.****1/2

miércoles, 4 de marzo de 2020

Ginger Baker Trio - Going Back Home



Ginger Baker, baterista del legendario "power trio" Cream (desaparecido el año pasado), también grabó discos de jazz. 
Going Back Home cuenta con el "plus" de la participación de dos pesos pesados: Bill Frisell en guitarra y Charlie Haden en contrabajo. 
Lo primero que hay que decir es que Ginger Baker no era un baterista de jazz, hecho que resulta evidente al escuchar Going Back Home, y no va en desmedro de su rústica interpretación, que es muy atrayente y congenia a la perfección con la guitarra de Bill Frisell.
Recuerden que el guitarrista suele adoptar bateristas de rock en las sesiones en las que ocupa el rol de líder más próximas al folk (vgr., Jim Keltner).
Por lo antedicho, no esperen los polirritmos y métricas intrincadas que acostumbra un baterista como Joey Baron, sino sólidos ritmos sostenidos en un abundante uso de los tom-toms. 
El otro punto a mencionar es también bastante obvio: cada disco en el que toca Bill Frisell, parece de Bill Frisell. Aquí está fantástico, como es habitual, demostrando su habilidad para dotar de alegría o melancolía a una canción cuando es necesario y sin esfuerzo alguno. 
Recorre la íntegra grabación un ánimo austero, económico, un cierto espíritu eglógico, indómito. 
Empieza con la muy bonita Rambler, firmada por Frisell e incluida en su segundo álbum del mismo nombre de 1984, de donde extrae también When We Go, su otra pieza aportada al disco de Ginger Baker. 
Otros destacados son los temas de Charlie Haden: Ginger Blues, In The Moment y Spiritual, donde enseña su firme, inalterable "tempo", y su siempre suntuoso, nutritivo desempeño en el contrabajo. 
A su vez, los originales de Ginger Baker, I Lu Kron y Ain Temouchant, son encantadores, deliciosos, y el peculiar East Timor, contiene un recitado en la voz de Baker. 
En cuanto a los clásicos Straight No Chaser (Thelonious Monk) y Ramblin' (Ornette Coleman) no son afectados por el básico, vigoroso pulso de Baker, si uno tiene un gusto suficientemente amplio como para disfrutar de una versión diferente.****

Mike Stern - Standards (And Other Songs)



El guitarrista Mike Stern ha dedicado su entera trayectoria a dar batalla incansablemente en las lides del jazz rock, un estilo que, tocado de ese modo (experto, magistral, por supuesto), a décadas de sus años dorados, en mi opinión está agotado, dijo todo lo que tenía para decir.
Standards (And Other Songs) es muy, muy lejos, su mejor álbum. La razón está implícita en el título, es la excepción a la regla, dado que es la grabación donde toca jazz propiamente dicho.
Sólo Give and Take (1997) es similar en su propuesta. No hay otro ejemplo en la totalidad de su catálogo. 
Son fantásticas las versiones de Like Someone in Love (Jimmy Van Heusen y Johnny Burke), There Is No Greater Love (Isham Jones), Moment's Notice (John Coltrane), Windows, una de las siempre estupendas piezas de Chick Corea, oportunidad para la guitarra de Stern, sostenida por los tambores tocados con las escobillas de Al Foster (un ex Miles Davis, como Stern), de exudar pura nostalgia, melancolía.
Las "otras canciones", los originales de Stern (usualmente decentes), Source, L Bird y Lost Time, poseen un matiz levemente diferente, en particular, la breve Source, con Stern en guitarra acústica, secundado por Gil Goldstein en piano, resulta un poco innecesaria, no es que sea una mala pieza, de hecho es bonito lo que tocan, pero parece extraída de otro álbum.
Primordialmente, una sesión de trío de guitarra, el escenario ideal para Stern, se suma Randy Brecker en trompeta con sordina en L Bird, Bob Berg toca el tenor en una muy lograda Lost Time, y poco más.
El aporte de Berg tiene por consecuencia, dada su raigambre, que el sonido vire hacia lo "fusionesque", siguiendo tal lógica el guitarrista en su propia intervención. Yo hubiese elegido un saxofonista con un perfil distinto, a los efectos de no restar cohesión estilística a la obra. Una vez más: el solo de saxo es de calidad, sólo que, junto a Stern, en este tema, interpretan una música que no guarda relación con el resto de la grabación.
Todo lo demás es de Stern, una ocasión propicia para sacar a relucir un sonido increíble, asombroso, opaco, sin distorsión, bien "jazzero", tal vez un poco más liviano, ligero que el de sus antecesores, enseñando unas frases impecables, muy veloces, pero muy limpias, donde sus notas se escuchan redondas, gordas, llenas, ricas, perfectas.
No hay palabras para describir una embrujadora, hechizante Jean Pierre, en la cual Stern sale a dar un paseo para recrearse, distraerse, regocijarse, caminando sin apuro, distendido, por las calles de la ciudad, llevado de la mano por el sostenido, persistente, enfático contrabajo de Jay Anderson, hecho confirmado por las risas, las exclamaciones, presumo que de Al Foster, complacido, deleitado, mostrando su conformidad por lo que estaba sucediendo en el estudio, puerta de entrada a una mágica, insuperable relectura de Nardis (Miles Davis no podía estar ausente de esta velada "paqueta"), donde Stern en su solo se suelta, se pierde, salta al vacío sin red, se lanza a la mar, pero con un preciso plan en mente, bien trazado y cumplido, dando paso a la primera distinguida contribución de que tenga memoria (previa al Brad Mehldau Trio) de Larry Grenadier en contrabajo, para concluir en los cortantes, incisivos acordes de Gil Goldstein en el piano eléctrico, al unísono con la guitarra, enmarcando los redobles de Ben Perowsky en la batería. Simplemente glorioso.
Standards (And Other Songs) fue publicado en 1992, uno de los años en llamas de Bill Frisell y John Scofield, del sublime Secret Story de Pat Metheny.
Siempre se habla de ellos, pero créanme, no se puede tocar mejor que Mike Stern en este disco. 
Un álbum indispensable para todo aficionado a la guitarra de jazz.****1/2

Mike Stern - Odds or Evens



En Odds or Evens, publicado en 1991, el guitarrista Mike Stern continúa su idilio sin fin con el jazz rock. 
La escritura de Mike Stern es compleja, intrincada (vgr., D.C., Odds or Evens, Walkie Talkie). 
Su forma de frasear en torrentes es virtuosa e inconfundible, y su interpretación, combustión pura.
Sólo desacelera un poco en Common Ground e If You Say So, pero los solos de Stern también allí son poderosos, llenos de distorsión. 
El respiro llega con Sandbox, una composición de su esposa, la guitarrista Leni Stern, tocada en guitarra acústica, sazonada con un poco de piano, una pizca de sintetizador, algo de percusión, sin el usual tórrido saxofón, ni una machacante batería, sin relación con el resto de los temas. 
Una fusión de auténtica calidad.**** 

La presentación en vivo de Mike Stern en el Teatro Coliseo Podestá de La Plata, en 1995, en el contexto ideal para Stern de un trío de guitarra, junto a Jeff Andrews en bajo eléctrico y Richie Morales en batería, fue incendiaria.
Consistió en un doble programa que contó también con la presencia de la mítica cantante Betty Carter, acompañada de una agrupación que incluyó a unos adolescentes Xavier Davis en piano y Mark Shim en tenor, Matt Hughes en contrabajo y Will Terrill en batería. 
Unos cuantos años más tarde, en mayo de 2006, sobre el escenario de la Trastienda, en Buenos Aires, acompañado por Bob Franceschini en tenor, Lincoln Goines en bajo y Kim Thompson en batería, ante el insistente pedido de una audiencia enfervorizada, enardecida, se despidió tocando como bis una arrolladora versión de Jean Pierre (Miles Davis).

miércoles, 26 de febrero de 2020

Ravi Coltrane - Spirit Fiction



En Spirit Fiction, primer álbum de Ravi Coltrane para la discográfica Blue Note, el saxofonista se sirve de dos grupos: su cuarteto regular, integrado por el pianista Luis Perdomo, el contrabajista Drew Gress y el baterista E.J. Strickland, y el quinteto que grabara From the Round Box (RCA Victor, 2000), conformado por el trompetista Ralph Alessi, la formidable pianista (ya desaparecida) Geri Allen, el contrabajista James Genus y el baterista Eric Harland.
Incluye composiciones originales aportadas por Ravi y Alessi, más sendas versiones de Check Out Time (Ornette Coleman) y Fantasm (Paul Motian), en las que participa el distinguido saxofonista Joe Lovano.
La música de Ravi siempre tuvo un importante contenido exploratorio y Spirit Fiction no es la excepción sino que, por el contrario, pone énfasis en dicho aspecto.
Hay temas cuya autoría es compartida porque, en verdad, se trata de "jams".
Son más "armaditas" e incluyen una melodía claramente discernible, las piezas firmadas por el trompetista.
Spirit Fiction es una breve composición reflexiva, introspectiva, muy atrayente, donde tiene lugar una gran labor grupal.
En realidad, toda la placa está dominada por un ánimo pensativo, incluso oscuro.
El cuarteto de Ravi es brutal, muy refinado, muy interactivo. Luis Perdomo es fantástico, E.J. Strickland, hermano gemelo del saxofonista Marcus, es muy dotado pero, en esta oportunidad, destaco en particular a Drew Gress, puesto que, pese a haber grabado muchísimo, pertenece a la clase de grandes intérpretes en su instrumento que solamente son reconocidos por quienes son unos oyentes empedernidos.
La versión de Check Out Time es útil a los fines de demostrar el elevado nivel interpretativo. Está tan bien tocada, sin esfuerzo alguno, de forma completamente relajada, fluida, a pesar de tener bastante complejidad lo que se escucha. Definitivamente esta gente no se siente intimidada al entrar a un estudio de grabación. Es un festival en sí misma, un verdadero derroche de destreza y entrenamiento, adquiridos en cientos de sesiones.
Algo similar se puede decir de Fantasm, primordialmente un coloquio entre Ravi y Lovano, con una contribución exquisita, una más, a modo de telón de fondo, de Geri Allen.
Son jazzistas de raza, tienen algo que no se aprende en una escuela de música, más allá de la relevancia de esas instituciones, en la actualidad, en la formación de los intérpretes, reemplazando el rol que antaño ocuparan las "big bands".
¿Tengo que decir dónde adquirió Ravi esa calidad? No sé cuál será el grupo y factor de su sangre, del mismo modo que desconozco cómo se conforma la doble espiral de su adn, pero todos saben qué sangre corre por sus venas, cuáles son los genes en sus cromosomas.
Pero Ravi también se parece a sí mismo.
Escuchen Marilyn & Tammy, tiene una sofisticación notable, pero en una dirección diferente a la de John.****

Cassandra Wilson - Blue Light 'Til Dawn



Blue Light 'Til Down es el álbum en el que la cantante Cassandra Wilson decide dar el salto hacia el blues y el folk.
Su voz se encuentra muy cómoda en ese contexto, tiene el color necesario.
La grabación es exquisita, debido a la preciosa voz de Cassandra y a sus enormes cualidades como cantante, ambos atributos en plena madurez en este punto de su carrera, y a un inteligente soporte predominantemente compuesto por guitarras bluseras, destacándose Brandon Ross (Henry Threadgill, Myra Melford), una muy atractiva percusión, principalmente a cargo de Cyro Baptista (John Zorn), un magistral violín cortesía de Charlie Burnham, y mucho sabor a madera en el contrabajo aportado por Kenny Davis o Lonnie Plaxico.
Blue Light 'Til Dawn es el primer disco perteneciente a la etapa "popera" de Cassandra y, probablemente, el más consumado.
La razón porque es  mejor considerado que los que grabara para JMT es bastante obvia: resulta incierto hallar un jazz más accesible. Encontrar un jazz más fácil de escuchar, significaría  abandonar los imprecisos, antojadizos, límites impuestos por el género.
Me explico mejor: Blue Light 'Til Dawn es un álbum más redondo, acabado que, por ejemplo, Jumpworld (1990), pero siempre estimo, en igual medida, una obra no tan pulida pero, a fin de cuentas, más arriesgada, atrevida, novedosa.****

Jacky Terrasson - Jacky Terrasson



Primer álbum del pianista francés Jacky Terrasson en solitario, junto a su enorme trio (Ugonna Okegwo en contrabajo, Leon Parker en batería), grabado en 1994, contiene composiciones propias y standards. Lover Man es producto de una sesión anterior, pero no fue publicado hasta 2002.
Jacky Terrasson es un pianista bárbaro. En la sutil, delicada, sugerente versión de My Funny Valentine, deja caer las notas de la melodía como si acompañara el rítmico balanceo de unos niños sobre una hamaca, baila elegantemente sobre las teclas del piano en la breve recreación de I Fall in Love is too Easily, el solo en Time After Time evoca un paseo por el parque en una soleada tarde de domingo, mientras que se toma todo el tiempo necesario para el desarrollo pausado, parsimonioso, cansino, aireado, de What Difference a Day Made.
Sus acompañantes brillan en el pegadizo, estimulante groove de I Love Paris, y en el explosivo tratamiento de For Once in My Life, donde Terrasson también se hace presente interpretando un torrentoso ostinato. 
La despedida es a toda orquesta con Cumba's Dance.
Una virtud a destacar en el sobresaliente desempeño del grupo en este álbum consiste en la infrecuente corta duración de las piezas, potenciando todas sus cualidades.
Lo único que conspira para que el disco epónimo de Jacky Terrasson pudiese ser considerado una obra maestra es que sus originales no están a la altura del imaginativo, virtuoso, memorable abordaje de los clásicos.****

sábado, 22 de febrero de 2020

Jakszyk, Fripp and Collins with Levin and Harrison - A Scarcity Of Miracles (A King Crimson ProjeKct)



La importancia de ser (King Crimson). Convenientemente editado a nombre de sus integrantes, Jakszyk, Fripp y Collins con Levin y Harrison, y no de King Crimson, A Scarcity Of Miracles (A King Crimson ProjeKct) es una un tanto lavada versión de la legendaria agrupación.
La factura de la música es muy buena, todo está tocado impecablemente, pero de forma tan pulcra, pulida, prolija, que resulta exasperante.
Al escuchar uno o dos temas la sensación es quedar maravillado por esos sonidos tan bellos, abordar el disco compacto completo es una experiencia extenuante.
Unas guitarras brillantes por acá, Fripp siempre suena exquisito, e insinúa tibia, temerosa, tímidamente, en The Other Man, los gloriosos arpegios que son buena parte del sonido patentado por Crimson y, en particular, por the League of Crafty Guitarists, en los ochenta.
Mucho prístino soprano por acullá, las partes de Mel Collins son repetidas, monótonas, monocordes, el mejor pasaje, no sé si hablar de solos, tiene lugar, en mi gusto, en Secrets.
Una batería, tocada por Gavin Harrison, que no luce para nada.
Arriesgo que el bajista Tony Levin se debe haber aburrido un horror en esta sesión. Su contribución más atrayente ocurre en The Other Man.
Las canciones carecen completamente de interés, de atractivo.
Con todo el respeto que merece el Sr. Jakko Jakszyk, que sea el reemplazo de Adrian Belew en King Crimson es inexplicable.
Jakszyk es un intachable profesional de la música, en cambio Belew es puro desenfado. Mi valoración encierra un elogio de la locura.
Jakszyk es la versión descafeinada, sin vitaminas, anémica, de Belew.
Si A Scarcity Of Miracles (A King Crimson ProjeKct) hubiese sido publicado a nombre de Jakko Jakszyk, probablemente no lo hubiese comprado.**1/2

Peter Gabriel - So



Red Rain es una canción poderosa, premonitoria, alarmante.
Don't Give Up inspira humanidad, compasión, piedad. Cuenta con la participación de Kate Bush cantando con voz enternecedora los versos: "I change my face, I change my name, but no one want you when you loose".
¡Escuchen tocar la batería a Manu Katché en That Voice Again! ("Just listen to the wind").
También es de la partida en So, Stewart Copeland (The Police). No había bateristas como Katché y Copeland en los ochenta, sonando en la radio para un público masivo.
¡Escuchen a Tony Levin (King Crimson) tocar el bajo eléctrico en Don't Give Up, In Your Eyes y This Is the Picture excellent birds! Tony Levin es un bajista notable, dueño de un sonido lleno, nutrido, rico.
Mercy Street es estremecedora. Tiene la habilidad de hacerte erizar la piel cada vez que la escuchas, de situarte en la solemnidad de un monasterio, atravesado por un silencio reverencial, siendo partícipe de un antiguo rito, de una misa sagrada en memoria de aquellos que no lograron resistir. Se destaca una sabia percusión a cargo de Djalma Correa.
Para comprender el significado de We Do What We're Told milgram's 37 (Hacemos lo que nos dicen: 37 de Milgram) es necesario conocer, al menos en forma somera, una experiencia psicológica realizada por Stanley Milgram, psicólogo en la Universidad de Yale, publicada en un libro de 1974, de nombre Los peligros de la obediencia, cuyo objeto era la obediencia a la autoridad. Esta investigación trató de medir cuánto dolor era capaz de infligir un ciudadano común a otro sólo porque era ordenado por una autoridad en un experimento científico, arrojando un resultado inquietante, escalofriante. Para aquellos que no tienen por costumbre leer textos de psicología, les sugiero una película francesa clásica llamada I... como Ícaro (1979), dirigida por Henri Verneuil y protagonizada por Yves Montand, donde se escenifica este experimento.
This Is The Picture excellent birds, interpretada a dúo junto a la cantante Laurie Anderson, no fue incluida en la versión original en vinilo, sino en la edición en cassette.
Los críticos son merecidamente generosos en la valoración de los primeros álbumes de Peter Gabriel, pero no tanto así con So, probablemente a consecuencia de un prejuicio debido a su popularidad (Sledgehammer sonó en las FM hasta el hartazgo por aquellos años). 
Producido de manera impecable por Daniel Lanois, So es una de esas grabaciones que sirve para definir el pop de los ochenta. Un álbum sin fisuras.****1/2

En ocasión del Festival de Amnesty International en Buenos Aires en 1988, se presentó Peter Gabriel ofreciendo un concierto impactante por varias razones. En primer lugar, la banda (de memoria), David Sancious en teclados, David Rhodes en guitarra, Darryl Jones en bajo y Manu Katché en batería, demostró ser espléndida, interpretando, según recuerdo, en la apertura una tremenda versión de Red Rain y, a continuación, Games Without Frontiers, Solsbury Hill, Sledgehammer, Don't Give Up (con la contribución de la cantante local Celeste Carballo), In Your Eyes (junto al senegalés Youssou N'Dour), y una solemne, épica, Biko, coreada en forma reverencial, casi religiosa, por la audiencia. El único hecho a lamentar fue la breve duración de la actuación, debido a que la velada incluyó la intervención de varios artistas: León Gieco, Charly García, Tracy Chapman, Youssou N'Dour, Sting y Bruce Springsteen. En segundo lugar, porque Gabriel en escena resultó singularmente dotado, sencillamente espectacular, teatralizando los temas, lo que se apreció en detalle gracias a las proyecciones emitidas por las pantallas a los lados del escenario, aprovechando unas asombrosas columnas de iluminación móviles, retráctiles, que se aproximaban o alejaban del cantante, creando un efecto muy particular.

The Police - Ghost in the Machine



La voz de Sting, un poco atrás en la mezcla pero, por paradójico que pueda resultar, consiguiendo un efecto valioso, el sonido revestido, adornado, pulido, de la banda, una producción, ahora a cargo de Hugh Padgham, responsable de revitalizar la apariencia, el semblante del trio, de cara a su apuesta final, probablemente la gema más preciada que diera la denominada new wave de los ochenta: Synchronicity (1983), todo resulta muy atractivo en Ghost in the Machine, cuarto disco para The Police.
El álbum es consistente y cohesionado, distinguiéndose la ejemplar contribución de Sting en bajo en la espléndida Every Little Thing She Does is Magic, un fantástico Stewart Copeland en batería en la entera grabación, un poco menos destacado el aporte de Andy Summers en guitarra, puesto que el sonido del trio había cambiado a esta altura, en relación a los anteriores Zenyatta Mondatta (1980) y, más propiamente todavía, a Regatta the Blanc (1979), perteneciente a una época en que The Police era predominantemente rock de guitarras, cuando las canciones estaban construidas alrededor de un formidable riff (vgr., Message in a Bottle).
Ghost in the Machine, en cambio, incorpora sintetizadores, suena más maduro, recargado, pero sin renunciar a la afición del grupo por un género liviano, ligero, animado, como el reggae (vgr., One World (Not Three)).****

lunes, 17 de febrero de 2020

Dave Douglas - Sanctuary



Vanguardia postmoderna. Sanctuary es el álbum estilísticamente más arriesgado de Dave Douglas, al menos de sus años más prolíficos y distinguidos, los noventa. 
Doble trio de trompeta (fabulosa interacción entre Douglas y Cuong Vu), contrabajo (Hilliard Greene y Mark Dresser) y sampler (Yuka Honda y Anthony Coleman), más batería (Dougie Brown (The Lounge Lizards), enseña muy buen gusto para tocar), y tenor o clarinete (Chris Speed), interpreta dos actos de música improvisada en vivo sin interrupciones, que fluye con naturalidad. 
No hay ensamble de Dave Douglas que no suene muy bien. 
Espacial, laberíntica, reflexiva por momentos, torrentosa en otros, requiere una escucha atenta para ser mejor valorada.****

Ornette Coleman and Prime Time - Virgin Beauty



Virgin Beauty, álbum de Ornette Coleman junto a la agrupación Prime Time, grabado en 1988, incluye una música liviana, ligera, al menos para los standares de Ornette.
La interpretación relajada, cadenciosa, optimista, alegre, en el saxo alto de Ornette Coleman se funde a la perfección con el soporte rítmico estimulante, contagioso, brindado por su doble cuarteto (los guitarristas Bern Nix y Charlee Ellerbe, los bajistas Al MacDowell y Chris Walker, los bateristas Denardo Coleman y Calvin Weston, el guitarrista líder de Grateful Dead, Jerry Garcia, se suma en tres pistas).
El acompañamiento es particularmente lucido en Singing in the Shower, donde la sencillez, la simpleza, de los ritmos funky, es sólo aparente, algo similar ocurre en Honeymooners pero, esta vez, Ornette rememora su glorioso pasado, adoptando su ejecución sus reconocidos, idiosincráticos, trazos punzantes, cortantes, quebrados, mientras destacan los propulsivos, cargados, bajos aportados por MacDowell y Walker,
Ornette toca la trompeta de un modo extrañamente melodioso en la breve, reposada, inusualmente básica Chanting, mientras que Unknown Artist es otro tiempo lento pero, en esta ocasión, más cerca de su vocabulario.****1/2

Branford Marsalis Quartet - Requiem



El saxofonista Branford Marsalis se ha caracterizado, en sus inicios, por emular a los grandes intérpretes de su instrumento y, a medida que ha madurado, combinó todo ese bagaje, esa plétora de influencias, conocimientos, estímulos, mezclando sabiamente los ingredientes, no sé si consiguiendo un sonido completamente distintivo, singular, pero entregando siempre una interpretación rica, cautivante, apasionada.
Branford Marsalis ama la música y en cada disco consigue transmitir ese sentimiento.
Su oyente nunca será indiferente, inconmovible o pasivo.
Escuchando Requiem, publicado en 1999, no tengo la certeza de si suena original, y no es mi intención descubrir a quién se parece, más allá de decir que el espíritu de Coltrane sobrevuela la entera sesión (vgr., Elysium), o de mostrarse un poco impersonal en Trieste, donde en los introductorios sones orientales, reposados, zigzageantes, en el soprano, recuerda un poco a un saxofonista con el cual difícilmente, crítica especializada o audiencia, se atreva a comparar (se subestima su originalidad e influencia), Charles Lloyd, en particular en su interpretación en el tarogato.
Lo cierto, es que nunca defrauda al escucha que persigue un jazz estimulante, vivificante.
El proselitismo activo de su hermano menor Wynton en favor de la tradición en el jazz excluyentemente, y el abrevar continuamente en las fuentes de los históricos saxofonistas que lo precedieron, no debe llevar a confusión: Branford es aventurado, atrevido, animado, enérgico, expresivo, sensible y delicado cuando es necesario, tiene sentido del humor, también se nutre de los sonidos de su tiempo (vgr., Bullworth) y sabe mirar hacia adelante.
¡Qué más se puede pedir a un artista!
Es de notar, después de transcurrir aproximadamente una década desde la edición en 1991 de The Beautyful Ones Are Not Yet Born, que el color (sepan disculpar si esta figura es un poco vaga, abstracta), del cuarteto de Marsalis de fin de siglo pasado, completado por Kenny Kirkland en piano, Eric Revis en contrabajo y Jeff "Tain" Watts en batería, es diferente de los discos grabados en su primera etapa solista.
Sorprende saber que la idea original de Marsalis era volver a grabar estas piezas luego de tocarlas en vivo durante dos meses, pero la inesperada desaparición de Kirkland cambió los planes, inclinándose por publicar lo que consideraba unas grabaciones preliminares, esas primeras tomas que, afortunadamente, dieron forma a este álbum.
De hecho, Kirkland murió en noviembre y Branford, junto a su banda, regresaron al estudio en diciembre. ¿Con otro pianista?, ¡un disparate!.
La sesión registrada es fabulosa, en particular la virtual primera mitad.
Bastante para destacar: Doctone es la oportunidad para Kirkland de evocar a McCoy Tynner, sosteniendo e impulsando a sus interlocutores en una pieza que se desarrolla cobrando intensidad y culminando en un furioso solo de Marsalis, Triestre, única composición que no pertenece al solista, sino al distinguido baterista Paul Motian, funciona como un disparador para que el cuarteto transite por carriles diferentes a los acostumbrados, sacando provecho de la travesía a partir de su suficiencia, y arribando a un resultado menos encendido y más elegante, un similar refinamiento es el modo de emprender la melancólica balada A Thousand Autumns, Lykief, en cambio, es una explosión, un estallido, donde Kirkland hace un destrozo.
Requiem tiene el significado de una emotiva despedida a un pianista inolvidable.****

miércoles, 12 de febrero de 2020

Pat Metheny Group - We Live Here



We Live Here, publicado por el Pat Metheny Group en 1995, es una deficiente, burda, ordinaria, incorporación de la programación de ritmos, por una agrupación que demostró con creces en sus grabaciones desde sus inicios, una sabia, singular, insuperable destreza para combinar el uso de sintetizadores e instrumentos acústicos, y una animada, estimulante percusión y que, además, hiciera de la sutileza y el refinamiento un sello inconfundible.
La inclusión de una batería electrónica en la banda de sonido de la película The Falcon and the Snowman (1985), por el contrario, había sido fructífera, fecunda, enriqueciendo el sonido de la banda.
No ocurre lo mismo en We Live Here, donde la utilización de una nueva tecnología es frustrante, significa un fracaso debido a que es poco inspirada, redundando en un soporte rítmico monótono, tedioso, inexpresivo.
Pero la banda consigue salir a flote, evitando naufragar, a causa del acostumbrado virtuosismo de sus integrantes y, más importante aún, porque Pat Metheny y sus acólitos tienen un atributo que no está presente en muchos artistas aún sobresalientes, y desautoriza, descalifica, corrige, ridiculiza, a quienes califican su música, en forma un tanto absurda, como "new age", a sus detractores que desvalorizan su propuesta sólo porque es accesible, mayoritariamente "snobs" que rechazan todo lo que sea popular, sencillamente no son capaces de entenderlo: una sensibilidad sin medida, sin límite.
Entre los destacados, se puede señalar: los solos de Metheny en guitarra tienen gracia (vgr., And Then I Knew, Red Sky); la constante avidez de Meth por los nuevos sonidos, asimilando la estética industrial en el tema We Live Here; And Then I Knew, de igual manera que Red Sky, tiene una acentuada influencia brasilera en el ritmo, es animada, alegre, reconfortante, los bajos de Steve Rodby son perfectos, y el solo del guitarrista tiene mucho swing; el solo de Lyle Mays en To the End of the World es de una belleza que no puede ser expresada en palabras, incomparablemente cálido, elegante, las notas pulsadas en el piano en el inicio caen como gotas de rocío, por su parte, el por habitual no menos asombroso, explosivo, solo del propio Metheny en guitarra sintetizada, y Rodby está muy fino otra vez (es difícil no sentirse conmovido por To the End of the World); una infrecuente aproximación a la vertiente de jazz principal (mainstream jazz) en Episode D'Azur, una intrincada, creativa composición firmada por el pianista; Something to Remind You, similar a una canción pop, donde brillan los vocalistas canturreando la melodía, sin palabras (no hay nada que decir), expresando de modo elocuente en sonidos la forma en que siempre quise vivir mi vida, es hermosísima; el repetitivo motivo melódico de Stranger in Town, la otra pieza en que la banda marca un pulso de jazz propiamente dicho, bis en los conciertos de la gira presentación de este álbum.
Esos ritmos programados carentes de ingenio no consiguen arruinar el álbum (no podrían), pero sin tales, un inspirado, inventivo, We Live Here habría estado cerca de sus mejores obras.
Más allá de los defectos que se puedan encontrar en esta grabación, contiene una música cautivante, mágica, de ensueño.
Es poco probable que Pat Metheny (hoy ya sin Mays) vuelva a entregarnos algo así de significativo.****

Es muy triste conocer la noticia de la desaparición del exquisito pianista Lyle Mays.
La entera historia del denominado jazz fusión o jazz rock, estilo predominante en la escena de jazz durante la década de los setenta, no presentó una dupla más valiosa que Metheny-Mays, Zawinul-Shorter, responsables de Weather Report, creadores de una música comparablemente rica, no alcanzaron semejante nivel de interacción y empatía.
El Pat Metheny Group supo estimular en mí la inmaginación y la creatividad, despertando un montón de sensaciones, ideas, impresiones, que dejaron huellas imborrables.
Con su música, Pat Metheny y Lyle Mays, se dedicaron a colorear los días de mi adolescencia.

Pat Metheny - Autumn Leaves



Autumn Leaves, título antojadizo, si los hay, elegido para denominar esta edición no oficial de la grabación de un concierto del Pat Metheny Group en Tokio en 1995, dado que, por tratarse de un disco de jazz, la primera referencia que se tiene en mente, es la del standard del mismo nombre perteneciente a Joseph Kosma, por lógica, no incluido en este álbum, si se tiene en cuenta que, si mi memoria no me traiciona, Pat Metheny nunca grabó o tocó en vivo en forma regular, esa composición.
Es una verdadera pena que este "disco pirata" no contenga una extensa, formidable, imponente versión de Insensatez (How Insensitive), el clásico de Antonio Carlos Jobim, donde la sección rítmica marcaba un ritmo de bossa, seguido de una síncopa propia de jazz sosteniendo un magistral solo de Metheny y, luego, de regreso al tiempo de bossa, incluido en el programa de los conciertos durante la gira promocional de We Live Here.
En cambio, sí rescata una magnífica recreación de This Is Not America, el tema grabado junto a David Bowie para la banda de sonido del filme The Falcon and the Snowman (John Schlesinger, 1984), donde la flemática voz de inconfundible estirpe británica del legendario cantante de rock, es imaginativamente reemplazada por las negras voces llenas de cálidas modulaciones de un admirable Mark Ledford y su par perfecto, David Blamires (candiense y blanco).
El resto de las piezas que son parte de esta publicación corresponden, mayormente, por consecuencia, al álbum We Live Here (And Then I Knew tiene un final diferente al de la versión original en estudio, con las voces de los cantantes  acompañadas sólo por percusión, Here To Stay, Episode D'Azur en vivo suma una introducción de piano solo, Stranger In Town), a las que se agregan algunos "clásicos" de la agrupación: Have You Heard (Letter from Home, 1989), durante años y varias giras, la composición de apertura de sus presentaciones, la monumental First Circle (First Circle, 1984), las épicas Third Wind, y Minuano (Six-Eight) (Still Life (Talking), 1987), la pastoral, bucólica, Farmer's Trust (Travels, 1983), y un interludio, bautizado Scrap Metal, oportunidad para un intercambio incendiario, subversivo, revoltoso, arrebatador, electrizante, entre Meth en sintetizada, sonido de fanfarrias incluído, y Paul Wertico en batería, también rigurosamente incorporado en el repertorio del Pat Metheny Group de mitad de los noventas.***1/2

Bill Frisell Kermit Driscoll Joey Baron - Live



Grabado en vivo en Sevilla, Live, es mi álbum favorito de Bill Frisell.
Los temas son distinguidos (vgr., Troughout, Have a Little Faith in Me, Strange Meeting).
La guitarra de Bill Frisell se sirve de todos los colores disponibles en la paleta. Todos los sonidos pueden fluir de su guitarra. Se puede escuchar a la guitarra susurrar, dialogar con sus acompañantes, proferir alaridos, cantar, acariciar, pintar.
Su interpretación en la guitarra, donde confluyen múltiples estilos es, simplemente, pura magia.
Pero aún más importante: no se trata ser un virtuoso, de mostrar una técnica excelsa, sino de no sonar como nadie más.
Estimo que el asombroso baterista Joey Baron no toca una métrica regular durante todo el concierto.*****

sábado, 8 de febrero de 2020

Steve Coleman • Robin Eubanks • Greg Osby • Cassandra Wilson - Flashback on M-Base



Flashback on M-Base es una compilación de temas pertenecientes a diferentes álbumes de artistas enrolados en el, por ese entonces, naciente (todavía hoy no suficientemente apreciado) colectivo M-Base.
Es necesario volver a señalar, con la intención de hacer honor a este conjunto de intérpretes, algo que puede pasar por alto un oyente desatento: no es sólo una recopilación de piezas bien tocadas, Steve Coleman y sus secuaces surgieron en la escena de jazz de principios de los ochenta para sonar de un modo que no se había hecho antes.
¡Escuchen a Coleman y Osby en Micro-Move soleando juntos en el alto sin acompañamiento!, ¡Eso es o no es tener swing! Son cuatro minutos. No sé a ustedes, pero yo no necesito más.
¡To Perpetuate the Funk parece el aria de una jodida ópera! Pero no por un blanquito con peluca, sino por un morocho con agallas (bolas). Una verdadera oda al funk.
Silent Attitude muestra a Osby, esta vez escoltado por la genial Geri Allen en sintetizadores (aunque prefiero su desempeño en el piano).
Rock This Calling es la primera aparición en esta recopilación de la formidable Cassandra Wilson. Nadie puede ser indiferente cuando ella canta.
¡No se pierdan a los hermanos Eubanks cocinando en Midtown!
En el final, es el momento de reunir el rebaño, el padre Coleman esta llamando a misa, última oportunidad para asistir a la congregación de fieles. Another Level es un dúo con el baterista Marvin "Smitty" Smith, donde el padrino Steve Coleman derrocha clase, hace gala de una elegancia que no sabe de límites. Es la despedida. (This is) Another Level.****

Greg Osby - Mindgames



En su segundo álbum, Mindgames, el saxofonista Greg Osby se muestra como un artesano dedicado a moldear sonidos enigmáticos, elusivos, intangibles, etéreos.
Su singular, virtuosa interpretación, está acompañada de poderosos ritmos funky.
En contraste, la grabación presenta cierta monotonía en los temas de tiempo lento, y un excesivo, poco inspirado, uso de los sintetizadores.
El contrapunto entre Osby y el guitarrista Kevin McNeal en This Is Not A Test es ágil, efusivo, endiablado, mientras que la breve Chin Lang tiene la potencia arrolladora de un tsunami.
Es un crimen que el colectivo M-Base no sea más reconocido.
Su música representó un sonido diferente, significó un paso adelante.****

Marc Johnson - Right Brain Patrol



Right Brain Patrol es una magnífica adición al excelente catálogo del sello JMT (reeditado por Winter & Winter), perteneciente al sólido Marc Johnson, por siempre recordado como el último contrabajista en el trio de Bill Evans.
Dueño de un tono bien gordo, Johnson es una aplanadora en su interpretación sin acompañamiento en Batuki Burundi, en el mismo sentido, muestra una fuerza, un empuje asombrosos, en Right Brain Patrol.
También se distingue, en temprana aparición, el guitarrista Ben Monder, enseñando versatilidad, una personalidad musical menos definida que en sus propios álbumes posteriores, con reminiscencias de Bill Frisell, por ejemplo, en Netcong On My Mind, otro "blues postmoderno", única composición firmada en soledad (el resto son, en su mayoría, de Johnson o Tunçboyaciyan).
La presencia del percusionista nacido en Estambul, Arto Tunçboyaciyan, es una acertada y atractiva elección, tocando solo en You, una breve introducción a After You, y aportando un poco de color con sus vocalizaciones, sin usar tal recurso en forma excesiva.
Right Brain Patrol es muy variado, inclasificable, con aires de world music, pero sin ser un pastiche.****

sábado, 1 de febrero de 2020

Pat Metheny - Secret Story



Secret Story es la consumación de la visión musical de Pat Metheny, donde confluyen jazz, folk, ritmos de diversas latitudes, en particular, brasileros, incluyendo en este álbum la adaptación de un himno vietnamita.
Extraña que no sea un proyecto junto a su popular agrupación, en los límites de un género que no tiene una aceptación masiva, el Pat Metheny Group, sino un esfuerzo en solitario. Metheny toca guitarras, bajo, piano, teclados, y se acompaña de una pléyade de exquisitos intérpretes, destacándose: Toots Thielemans con un solo memorable de harmónica en la entrañable balada Always and Forever, Mark Ledford en voz en la exótica Finding and Believing, Gil Goldstein en un arrabalero acordeón en Antonia.
Las composiciones son bellísimas: unas, representativas del temprano Pat Metheny Group, descriptivas de paisajes rurales (Facing West, The Longest Summer), contagian optimismo, esperanza, júbilo, regocijo, otras, animadas de un espíritu trashumante, nos llevan a recorrer locaciones de ensueño a través del mundo (Above The Treetops, Finding and Believing, See The World), las hay leves, suaves, delicadas (Rain River), con un cierto matiz naïf (As a Flower Blossoms (I Am Running to You)), mientras que algunas son simplemente conmovedoras (Always and Forever, Antonia, The Truth Will Always Be).
Secret Story es el relato de una gesta, una épica fantástica, un diario de viaje, una bitácora de una aventura, donde Metheny parece dispuesto a contar sus vivencias, algo personal, íntimo, profundo, experiencias que entrañan un proceso vital de maduración, individual y creativa.
El clímax tiene lugar en The Truth Will Always Be, una composición que se desarrolla "in crescendo", con el típico solo en guitarra sintetizada de carácter monumental, dramático, eufórico, explosivo, apoteósico, catártico. Cerca del final del itinerario, es el momento de una pensativa, introspectiva, evocativa, Tell Her You Saw Me. A modo de epílogo, en pocas palabras, convenientemente orquestal, Not To Be Forgotten (Our Final Our).
Una música llena de lirismo, poesía, sensibilidad, magia.
Un auténtico viaje a través de las emociones.*****

Larry Carlton - Sleepwalk



Sleepwalk, tercer álbum del guitarrista Larry Carlton para Warner Bros., grabado en 1981, no presenta momentos verdaderamente inspirados. Una prueba en tal sentido es la ordinaria participación del saxofonista David Sanborn en Upper Kern, del mismo modo que tampoco son interesantes los banales sintetizadores que, además, suenan pasados de moda. Prefiero la más orgánica grabación en vivo Eight Times Up (1983). Para destacar: Carlton se sirve del mismo "truco" en You Gotta Get It While You Can que utilizara en Mulberry Street, perteneciente a su álbum anterior, el magnífico Strikes Twice (1981), consistente en doblar la velocidad real del solo.
Strikes Twice es mucho más sólido que Sleepwalk, a pesar de ser subestimado debido a que no conforma la participación de Carlton cantando en algunos temas, lo cual abandonará en adelante. En mi opinión, por el contrario, la voz en la edición original en vinilo, no así en la primera publicación en disco compacto, de inferior calidad, suena fantástica, si bien super procesada, artificial. Agrego que Strikes Twice contiene, además de una interpretación soberbia en la guitarra, fibra, una energía de la que carecen la mayoría de sus grabaciones.
Sleepwalk, en cambio, cuenta con la participación de probados sesionistas pertenecientes al área de Los Angeles, entre los que sobresale Terry Trotter, cuyo piano Fender Rhodes suena bárbaro, pero el resultado es un tanto anémico, falto de vitaminas.
En cuanto a la contribución vocal de Larry Carlton en Strikes Twice, ya lo dijo Mafalda: "La cosa es tomar lo artificial con naturalidad".
No profeso adoración por esta clase de fusión próxima al smooth-jazz pero sostengo que, tocando esta música que tanto le gusta, el guitarrista Larry Carlton es insuperable.***1/2

Tuve la oportunidad de presenciar una actuación en vivo de Larry Carlton en agosto de 1986 en una casa de dos plantas convertida en un bar, de nombre Shams, situada en el barrio de Belgrano, en Buenos Aires. Se presentó junto a Alex Acuña (Weather Report) en percusión, Terry Trotter en piano eléctrico, John Pena en bajo eléctrico y Rick Marotta en batería. Me senté a una mesa, en primera fila donde, cómodamente, hubiese podido ocuparme de los pedales de efectos usados por el guitarrista esa noche, situados junto a mis pies.
Larry Carlton es notable en la utilización de los pedales de efectos.

Norman Brown - Better Days Ahead



Surgido a principios de los noventas, Norman Brown es otro guitarrista heredero de George Benson, en rigor de su encarnación comercial. Better Days Ahead es su tercer álbum, grabado para Mojazz, la división de jazz del legendario sello de soul Motown. 
Dueño de un tono redondo, demuestra una tremenda destreza en la guitarra en composiciones propias como This Time Around y Better Days Ahead, y en la dulcita, melosa, versión de After the Love Is Gone, de Earth, Wind & Fire, donde imitando en forma deslumbrante el estilo patentado por George Benson, vocaliza al unísono las líneas de notas individuales que toca en la guitarra (es una pena que no lo hiciera más durante el resto de la sesión).
Todo es de Brown, que solea, sin descanso, a lo largo y ancho de la grabación, mientras que el acompañamiento es el habitual en esta clase de estilo: correcto, rutinario, deslucido, de compromiso. El color, la luz, la vitalidad, el atractivo, reside en el desempeño en la guitarra del solista.
Además de los originales mencionados, el oyente que no comulga con un jazz orientado a un consumo masivo puede despertar de su letardo en Third World (¿porqué será que, cuando desde el Primer Mundo se mira en términos musicales hacia el Tercer Mundo, usualmente se escucha algo similar a un ritmo de bossa-nova? Espero que no se piense, reproduciendo un estereotipo, manifestación de un notorio etnocentrismo cultural, que un mundo tan vasto y rico culturalmente, se agota en el tan promocionado en el occidente acomodado, a partir de los cincuentas, muy bello estilo oriundo de Brasil), y en N-Control, animada por aires funky.
Lo demás, son un tanto edulcoradas piezas en tiempos lentos, en particular, uno se puede deleitar con la muy romántica Serenade (y pensar en esa chica que alguna vez creyó en ti, y decidir si quedarse o partir).
Una destacada interpretación en un estilo pobre.***1/2

lunes, 27 de enero de 2020

Kris T. Reeder - Time to Fly Take 2


El trombón es un instrumento fantástico que tuvo un papel más prominente dentro de las bandas de jazz en otras épocas. Aún así, son unos cuantos sus cultores en la actualidad. 
Quizás por ser de rango bajo, no suele ocupar un rol solista, pero un álbum de trombón acompañado sólo por electrónicos es toda una rareza y, ustedes saben, me gustan las sorpresas. Trombón más efectos especiales no puede ser otra cosa que un producto de los tiempos. ¿Lo hubiesen imaginado a Tommy Dorsey? No hay duda que la música que anima los salones de baile ha cambiado. Hay momentos en Time to Fly take 2, por ejemplo, en Press Enter, donde el soporte rítmico es propiamente lo que se escucha en un boliche, no guarda relación alguna con los sonidos que pueblan las veladas en las madrugadas de un club de jazz. En todo caso, no creo que Reeder persiga ser considerado un intérprete de jazz o, al menos, uno como ha sido concebido históricamente.
La apuesta es todo un desafío, puesto que se deben hacer coexistir las frases improvisadas por un instrumento de sonido oscuro, grueso, profundo, gutural, con las pulsaciones continuas, repetidas, rutinarias, sin alteraciones, sin sorpresas, inexpresivas, sin cálidas imperfecciones, construidas a partir de un loop. Lo anterior no significa que no sea posible hallar creatividad en el uso de los electrónicos, dado que, a fin de cuentas, siempre depende de la imaginación del programador. Sortear el reto en forma exitosa requiere, además de consumar semejante maridaje, lograr un resultado atractivo.
En definitiva, no para todos los paladares, pero muy interesante. 
Kris T. Reeder está decidido a llevar al trombón de regreso a los tiempos que corren.***1/2

Ben Harper - Welcome to the Cruel World



Welcome to the Cruel World es el promisorio debut discográfico del neoblusero Ben Harper, donde enseña un potencial en la interpretación, acompañando su canto con un atractivo uso de la guitarra slide, técnica propia y característica del blues, que rendirá los mejores frutos en su siguiente álbum Fight for Your Mind, momento en que su propuesta alcanzará plena madurez. La voz de Harper no es prodigiosa pero, como suele ocurrir con los buenos cultores del blues, es muy expresiva. Canciones como Whipping Boy, Breakin' Down y Like a King demuestran actitud, carácter, fibra y, al escucharlas, es posible presentir lo bueno por venir. Las composiciones en Fight for Your Mind son más pulidas, redondas, concisas (cada vez que escucho este álbum me gusta más), en particular, God Fearing Man es verdaderamente espléndida.***1/2

F.F.F. - Blast Culture



La agrupación F.F.F. (Fédération Française de Fonck), en la mejor faceta que muestra en su álbum debut, Blast Culture, producido por el prestigioso bajista y productor Bill Laswell, no es sólo funk, sino que también incluye reggae (La Complainte Du Plombier) y música de raíz africana (Mama Krie). Hubiese sido deseable que se acentuara esa insinuada variedad de estilos, en procura de ofrecer un programa más variado que quebrara cierta monotonía de la cual adolece esta grabación. La banda envió, en su oportunidad, un demo a Laswell para que acepte ser responsable de la producción, pero no quedaron conformes con el resultado de su tarea, sosteniendo que la grabación de prueba sonaba mejor.**1/2

sábado, 25 de enero de 2020

Brian Eno - Before And After Science



Brian Eno es un innovador y un experto productor.
En su singular álbum Before and After Science, demuestra sensibilidad e inspiración.
El lado A del vinilo original es movido, animado, mientras que el lado B, calmo, reposado, construido de puras sensaciones, contiene paisajes sonoros de ensueño, oníricos, pródigos en imágenes sugestivas, de enorme poder evocativo, que invitan a trasladarse mentalmente lejos de lo cotidiano, a sentir, soñar, imaginar, consumando la mayor virtud de la música: representar algo de un modo que no puede ser expresado con palabras o imágenes.*****

U.K. - U.K.



U.K. fue una banda de virtuosos. En su primer álbum, llamado simplemente U.K., la destreza de Eddie Jobson en los teclados, sobregrabando múltiples sintetizadores, y en el violín eléctrico, es abrumadora, la voz de John Wetton suena etérea, sublime, es un cantante imponente y un bajista sólido (no es un intérprete virtuoso en su instrumento como lo son sus acompañantes), la interpretación en la guitarra de Allan Holdsworth es singular, no se parece a ninguna otra, y sus solos son decididamente brillantes (prestar atención a su aporte en Thirty Years y Mental Medication) y, simplemente, no había baterista de rock por aquellos años que tuviese el swing de Bruford.
La distancia en términos de maestría, entre lo que toca Wetton en bajo eléctrico (siempre me sorprendió que esté tan al frente en la mezcla), y lo que tocan Jobson en sintetizador, piano eléctrico y violín eléctrico, Allan Holdsworth en guitarra eléctrica y Bill Bruford en batería, es evidente, en particular, en Mental Medication. Wetton suena rústico, rudimentario, frente a la sofisticada, refinada labor de sus compañeros. Pero es un detalle, y hay que esforzarse mucho para encontrar uno en esta grabación.
Sin embargo, el reinado de U.K. fue efímero, breve. Luego de esta esencial producción, Bruford y Holdsworth abandonan la agrupación, debido a diferencias musicales, siendo reemplazados por el baterista Terry Bozzio (Frank Zappa).
Las disparidad de estilos entre los integrantes de la banda se observa con meridiana claridad en lo distinto que suenan los dos últimos temas en el álbum, Nevermore y Mental Medication, a causa de una acentuada influencia del jazz, sin perder cohesión o calidad por esta razón. A partir de la incomparable introducción en guitarra acústica de Holdsworth en Nevermore, la agrupación ingresa en todo un terreno nuevo.
Como trio, U.K. grabó un disco en estudio, Danger Money (1979), y uno en vivo, Night After Night (1979), ambos muy buenos.
Sólo que la magia había desaparecido.*****

David Sylvian - Dead Bees on a Cake



He leído bastantes críticas acerca de los méritos de Dead Bees on a Cake, cuarto álbum de David Sylvian, luego de más de una década desde el aclamado Secrets of the Beehive (1987), sin contar algunas colaboraciones. Considerando la opinión de aquellos que lo subestiman, usualmente en comparación con sus primeros discos, y teniendo en cuenta que se objeta primordialmente la calidad de las canciones, y no otros aspectos como, por ejemplo, la producción, se me ocurre que no es tan diferente.
En todo caso, no me conforma, precisamente, el modo en que suena la grabación (Brilliant Trees (1984) y Secrets of the Beehive me gustan más) y, al mismo tiempo, no creo que las canciones sean flojas, puesto que las hay muy bonitas: I Surrender (menospreciada, es encantadora), Midnight Sun (suma a mi lista de magníficos blues posmodernos), Thalhiem, Krishna Blue, The Shining of Things (excelente), Café Europa, Wanderlust (contagiosa, subyugante), Darkest Dreaming (típica de Sylvian, exquisita).
Agrego algo que hace al sonido, pero es más conceptual: sería deseable para Sylvian conservar en sus álbumes zonas acústicas, de las que tanto provecho obtuvo en los discos mencionados.
Afecta una valoración más positiva el hecho que Dead Bees on a Cake carece de congruencia, comprende tantos elementos juntos pertenecientes a estilos diversos, incluyendo trazos étnicos y exóticos, que el resultado conseguido es un poco híbrido. Dobro #1 y Pollen Path contienen dobro y guitarra tocada con slide, asociados al blues, Krishna Blue y All of My Mother's Names, tabla, un instrumento de percusión representativo de la música indostaní, The Shining of Things, cuerdas, etc.
Desde sus inicios, Sylvian demostró ser aficionado a combinar ingredientes distintos, incorporando a su pócima ciertos condimentos peculiares, extraños, añadiendo a su obra adornos extravagantes o pintorescos pero, en otras grabaciones, el balance logrado fue mejor.***1/2